sábado, 5 de mayo de 2012

Razones para Odiar a Kafka

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image“Estaba yo parado observando a esa cola inerte que se estiraba desde la ventanilla del banco hasta mi, y me bastó levantar un poco la cabeza para sentirme insignificante. Justo adelante se levantaba la sede principal de una enorme institución de granito y cristal, un banco, pero no uno cualquiera; era el más fuerte del país, el más representativo y estable, el mayor impostor de la economía, el más grande ladrón de nuestras tierras, repleto de seres pálidos y jerarquizados, tan escurridizos y felices que olvide por un segundo sus individualidades; !tan bien organizados estaban que parecían una colonia de abejas y no un tumulto de seres humanos! El edificio estaba coronado por las nubes más grises que he visto en mi estancia en la ciudad, y por un viento tan helado que no pude evitar cierto grado de embriaguez. Y Pensé; son una institución absoluta, un leviatán mucho más fuerte que nosotros, pero adentro siguen apestando a sudor y a excreciones. Soy K el agrimensor intentando ingresar al castillo pero desde el principio estoy en él, siempre lo he estado.

Y yo aún no sé que soy frente a las instituciones. No me reconozco ni como amigo ni como enemigo. No quiero desgastarme luchando contra la lluvia pero tampoco quiero convertirme en un simple lame botas. En mí reconozco al individuo impotente frente al poder. La soledad del contradictor insignificante vs la enorme maquinaria estatal. Viviendo todo ello me es imposible no odiar a Kafka. 

¿ Por qué?

Hoy recordé un lejano apunte de mi imprudente amiga Marley, que un día dijo odiar a Darwin porque según ella, gracias a él “los fuertes aplastan a los débiles” esa lógica infantil es a veces muy tierna en ella y la vida no me alcanzará para disfrutarle, pero el caso es que recordándole pensé que usando su razonamiento uno podría odiar a Kafka por inventar el absoluto de la burocracia y la impotencia del individuo frente al portentoso sentido de poder propio del estado. Kafka escribió el castillo y de él se originaron estos muros. Él les dio un sentido. Maldito seas Kafka por deleitarnos y asfixiarnos con lo absurdo; ¡como te envidio! ¿Como puede alguien darle estética a la impotencia? ¿Como alguien pudo darle un sentido poético a la asfixia de nuestros días?
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