El miedo en “ el ruido de las cosas al caer”

trabajo final para la materia “análisis y redacción de textos”

portada-ruido-cosas-caer_grande Mi primera prevención con “el ruido de las cosas al caer” fue el temor de invertir mi tiempo en un mal libro. Quiero reconocer gustosamente que me equivoqué. Llevaba un tiempo considerable con una apatía sincera hacia las obras contemporáneas por su vaciedad, especialmente las colombianas. Gamboa, Mendoza y Franco me dejaron un mal sabor de boca, aunque Rosero y caballero me regresaron un poco la fe en la literatura posterior al realismo mágico. Creo que “sin remedio” de Antonio Caballero es el antecedente más notable antes de la novela de Vásquez, exceptuando por el poderoso valor del miedo, del que quiero hablar aquí, que Caballero no definió de una manera actual por carecer del momento histórico propicio. Aunque el dilema no es sólo generacional, la ciudad es diferente para Caballero y para Vásquez. Puede que huelan y se sientan arquitectónicamente de manera parecida, pero hay algo mucho más profundo en Vásquez, pues el miedo se convierte en el síntoma central de la ciudad. Otra ciudad literaria, la de Mendoza, goza de un temor pálido y macabro que carece de matices sinceros, pero no me siento a gusto con su desarrollo psicológico porque en él el miedo más parece una palabra sentenciosa que una sensación. ¡En realidad hay tanto para temer dentro de la ciudad! El temor de Vásquez  me encanta y no puedo definir con una palabra menos pomposa para el desarrollo de su personaje desde el atentado y la muerte de Laverde. Es un temor visceral y psicológico, inmóvil, claustrofóbico. Pero no suficiente con ello, Vásquez impregno la novela de sonido—a lo que viene la importancia del título y la importancia del sonido en varios apartados de la novela—como su lacónica representación auditiva de la muerte en el avión o el penetrante sonido de los disparos. En definitiva, su libro está impregnado de un sonido que sólo puede trasmitirse a través de la literatura.

Aunque leí hace ya bastante “sin remedio” de Caballero, tengo pocas impresiones sobre el miedo a la ciudad en ella. Miedo concreto a la “ciudad” al monstruo que habita en ella, la violencia, pues como la novela trascurre en los setenta  el temor se enfoca en la represión militar. Algo parecido ocurre con cobro de Sangre de Mendoza, novela de corte casi patético que tiende a parecerse a ciertas películas norteamericanas de los ochenta. En el caso del ruido de las cosas al caer existe la secuela tras la violencia, el trauma y casi que la mutilación tanto física como interior. El personaje principal, Antonio, tras el atentado empieza a mostrar los síntomas sutiles de la obsesión y la paranoia. Junto a él, y sin haber recibido un disparo, muchos  compartimos los síntomas de la ciudad. Tal vez hace parte de mi paranoia citadina el hecho de considerar que el mayor atributo de la ciudad actualmente es el miedo. En la época de Vásquez el miedo estaba centralizado en un grupo reducido de individuos o en un individuo (Pablo Escobar) así que aunque abstracto, parecía derrotable (y en sí la búsqueda de la paz se consolaba con aquella sensación; la posibilidad de triunfar fácilmente si se pasa por encima de un solo individuo que personifica el miedo, por fuerte que demostrase ser)  parecía ser sólo una noche nublada, pero hoy el miedo se ha esparcido por toda la ciudad, ocultándose tras cada puerta, tras cada vagabundo nocturno, tras cada desconocido en la calle, transformándonos de manera silenciosa e irreductible en una ciudad de paranoicos; Hay por tanto una diferencia notable entre el miedo contemporáneo y el miedo al narco-terrorismo, el miedo al atentado, el miedo al carro bomba, el miedo a los sicarios. Hoy el miedo ya no es exclusivo de quienes deciden “enfrentar” o castigar al narcotráfico, no; el miedo es propiedad de todos. En una  ciudad de abundantes  y pequeños crímenes sin sentido todos nos sentimos amenazados.

Ya que en nuestro país parecen abundar los crímenes sin sentido,  y además parece que con ellos abunda la apatía consecuente, las relaciones humanas parecen agotar el significado del temor. Laverde y Yammara fueron una simple simpatía distante con curiosas consecuencias para el protagonista. Laverde fue el inicio de un descubrimiento poderoso, pues ir más allá del miedo es adentrarse en sus causas,  en donde la verdad de repente se hizo más poderosa que la comodidad, que la tranquilidad, e incluso que el bienestar familiar.

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