Mi padre tenía una biblioteca. Para la edad que tenía a la hora de morir (28 años) era una biblioteca bastante nutrida, pero cuyo interés más usual era la medicina. O en realidad, los libros que mejor recuerdo son libros de medicina; como escritor ocasional de poesía, puede que tuviera entre sus libros uno que otro libro de poesía e incluso alguna que otra novela. De niño sentí más atracción por los libros de medicina por las ilustraciones y las imágenes, así que puede que descartara visualmente los libros que sólo tenían texto. Además, tuve acceso a esa biblioteca hasta los ocho años, así que puede que mi memoria se equivoque o sea engañosamente selectiva.

Mi padre escribía poesía. Del único poema que conservo de él, hay una evidente influencia de Rubén Darío. Fany me dijo alguna vez que no era un buen poeta, pero creo que él intentaba imitar a poetas del siglo XVIII y XIX, así que su estilo ya sería bastante anacrónico en la década de los ochenta. Siempre quiso ser médico, pero terminó estudiando derecho en una universidad nocturna para poder trabajar y estudiar al tiempo. De no haber sido asesinado,  habría sido un abogado más en este país. Claro que, incluso en su época, el derecho era la forma más digna de sobrellevar el humanismo. 

Que mezcla tan extraña, pienso una que otra vez. Y lo único que atino a concluir; mi padre era tan extraño como podría serlo yo, pues ambos somos simples campesinos con unas extrañas ínfulas de apetito intelectual.  

Mi padre tenía dos hermanos (mis tíos) que son personas honestas, dos buenos ciudadanos que sin embargo no demuestran mucho interés en aquellos rastros de interés que él dejó. Tanto peor, yo también tengo dos hermanos ( y una hermana) cuyos intereses también son muy distantes a los míos. Mi hermano menor es tan melancólico como podría serlo yo,  su personalidad es evidentemente depresiva sin llegar a ser precisamente introspectivo. Mi hermana menor, Isis, es la más parecida a mi, y con ello ha demostrado tener una buena cantidad de mis defectos; no diferencia la izquierda de la derecha, a los doce años  aún no aprende a amarrarse los zapatos, tiene evidentes problemas visuales, posee cierto gusto por la invención de historias y tiene una imaginación abstracta avanzada para su edad.

Aunque me gasto buena parte de lo que gano en libros, ninguno de mis tíos me ha criticado cargar a donde voy con una pesada biblioteca. 

Todos los amigos con los que crecí saben que la idea que tuve de mi padre fue más mitológica que real, pues al morir tan joven dejó poco de si para mí. Sé que me quiso profundamente, sé  también que quiso lo mejor para mí y a lo mejor odiaría notar que de cierta manera un tanto irónica, sigo sus pasos. Para armar ese mito que durante toda mi adolescencia designé como mi padre tomé algo de Albert Camus y de Kafka, que tienen algo de él en su rostro. Me cuesta ahora pensar en mi padre sin esas dos imágenes, aunque la amistad y cercanía reciente que he tenido con mi familia paterna y con mis tíos me ayudaron a crear una imagen más realista de lo que era él. Esa imagen realista,  a su vez, ha quebrantado profundamente mi mito personal. 

El primer mito quebrantado fue el mito de su muerte.

Naturalmente, mis familiares me dieron una versión de los hechos apta para ese niño de seis años que alguna vez fui; él murió intentando socorrer a un hombre que intentaban secuestrar. De algún modo, pensé toda mi vida, murió como un héroe, pues nunca cuestioné ninguna línea de ese relato. Mis amigos en el colegio ridiculizaron una que otra vez esa sensación heroica que yo intentaba darle a mi orfandad, y ahora creo que tenían algo de razón. Pues bien, en realidad fue torturado y asesinado por sus propios compañeros. Era policía, y todo en su muerte aún es tan turbio y tan absurdo que parece mejor olvidarlo y seguir adelante, como se aceptan las muertes de los accidentes de tráfico. Una naturalidad melancólica y marchita que define muy bien lo que significa ser colombiano.

Como Camus está teñido de esa ficción de paternidad mitológica que yo inventé al crecer, no pude más que tomar sus palabras como mis palabras. Sobre todo en este fragmento de “El primer hombre” novela en la que trabajaba antes de morir. 


“...Fue en ese momento cuando leyó sobre la lápida la fecha de nacimiento de su padre, percatándose entonces de haberla ignorado. Después leyó las dos fechas, «1885-1914», e hizo maquinalmente el cálculo: veintinueve años. De pronto le asaltó un pensamiento que lo sacudió incluso físicamente. Él tenía cuarenta. El hombre enterrado bajo esa lápida, y que había sido su padre, era más joven que él. Y la ola de ternura y compasión que de golpe le colmó el corazón no era el movimiento del ánimo que lleva al hijo a recordar al padre desaparecido, sino la piedad conmovida que un hombre formado siente ante el niño injustamente asesinado, algo había ahí que escapaba al orden natural y, a decir verdad, ni siquiera tal orden existía, sino sólo locura y caos en el momento en que el hijo era más viejo que el padre. La sucesión misma del tiempo estallaba alrededor de él, inmóvil, entre esas tumbas que ya no veía, y los años no se ordenaban en ese gran río que fluye hacia su fin. Los años no eran más que estrépito, resaca y agitación, y Jacques Cormery se debatía ahora presa de angustia y piedad. Miraba las otras lápidas del entorno y reconocía por las fechas que ese suelo estaba sembrado de niños que habían sido los padres de hombres encanecidos que creían estar vivos en ese momento. Porque él mismo creía estar vivo, se había hecho él solo, conocía sus fuerzas, su energía, hacía frente a la vida y era dueño de sí. Pero en el extraño vértigo de ese momento, la estatua que todo hombre termina por erigir y endurecer al fuego de los años para vaciarse en ella y esperar el desmoronamiento final, se resquebrajaba rápidamente, se derrumbaba. El viajero no era más que ese corazón angustiado, ávido de vivir, en rebeldía contra el orden mortal del mundo, que lo había acompañado durante cuarenta años y que latía siempre con la misma fuerza contra el muro que lo separaba del secreto de toda vida, queriendo ir más lejos, más allá, y saber, saber antes de morir, saber por fin para ser, una sola vez, un solo segundo, pero para siempre.  Volvía a ver su vida loca, valerosa, cobarde, obstinada y siempre orientada hacia ese objetivo del que ignoraba todo, y en verdad había transcurrido enteramente sin que él tratara de imaginar lo que podía haber sido un hombre que justamente le había dado esa vida para ir a morir poco después a una tierra desconocida, al otro lado de los mares. A los veintinueve años, ¿acaso él mismo no había sido frágil, doliente, tenso, voluntarioso, sensual, soñador, cínico y valiente? Sí, todo eso y muchas cosas más, alguien vivo, un hombre al fin, pero sin pensar nunca en el ser que allí descansaba como en alguien viviente, sino como en un desconocido que había pasado antes por la tierra donde él naciera, y que, según su madre, se le parecía y había muerto en el campo de honor. Sin embargo, ahora pensaba que ese secreto, lo que ávidamente había tratado de conocer a través de los libros y de los seres, tenía que ver con ese muerto, ese padre más joven, con todo lo que éste había sido y con un destino, y que él mismo había buscado muy lejos lo que estaba a su lado en el tiempo y en la sangre. A decir verdad, no había tenido ayuda. Una familia en la que se hablaba poco, donde no se leía ni escribía, una madre desdichada y distraída, ¿quién le hubiera informado sobre ese padre joven y digno de lástima? Sólo su madre lo había conocido, y lo había olvidado. 

Estaba seguro. Y había muerto ignorado en esta tierra por la que había pasado fugazmente, como un desconocido. Era él, sin duda, quien debía informarse, preguntar. Pero a alguien, como él, que nada posee y que quiere el mundo entero, no le basta toda su energía para construirse y conquistar o entender el mundo. Al fin y al cabo no era demasiado tarde, aún podía buscar, saber quién había sido ese hombre que le parecía ahora más cercano que  ningún otro ser en el mundo…”


Sin dar muchas explicaciones, ya he publicado este fragmento en este blog, siempre en vísperas de mi cumpleaños, porque evidentemente me pesa la idea de que lentamente envejezco y mi padre sigue allí, por los juegos absurdos del mundo, congelado en sus eternos 28 años.  

A veces me despierto renegando de los libros, creyendo que no hay nada en ellos que valga lo suficiente como para dedicarles una vida. Entonces recuerdo a Camus frente a su padre, y me recuerdo frente a la tumba del mío. Sus palabras son mis palabras, y sólo por ello, no me siento solo. Supongo que todo aquel que tenga que pararse frente a la tumba de un padre-niño sentirá lo mismo una y otra vez, y podrá acudir a Camus para sobrellevar su melancolía. 

Esto es un testimonio que vale la pena contar, y que salva a los libros de mi nihilismo vocacional. 
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Hay algo profundamente ingenuo al suponer que una ideología basta para enfrentar al mundo. Y ello es válido tanto para el discurso de la lucha de clases como para la libertad de los mercados, las dialécticas la sexualidad o los discursos religiosos.  En conjunto nos oponemos a la uniformidad, nos oponemos a una regla absoluta que explique nuestras vidas, pero ello contrasta con la utilidad práctica que le damos a los prejuicios: un discurso, una sentencia nos basta para explicar a los otros. Porque yo soy un libro. El otro, apenas una frase lapidaria. 

No hay información nueva al denunciar la liquidez, la levedad y la superficialidad del mundo. Cuando lo obvio ya se ha dicho, lo mínimo que espero es una forma de resistencia a la frivolidad, incluso cuando sólo sea posible en el anacronismo. 

Sólo conozco una forma de vivir, y es levantándose en contra el mundo. En ello se encuentra el origen de mis desgracias personales, y también el sentido mismo de mi falta de carácter. 

La ansiedad y el insomnio construyeron todo lo que soy, y me explican como individuo mejor que cualquier teoría psicoanalítica. Todos los demás aspectos dentro de mí son superficiales y ficticios. 

Cualquier discurso sobre la muerte debería tener en el mito de Sísifo su punto de partida.

Cuando sientas que tu obra es inútil introduce uno o dos conflictos freudianos para simular profundidad. Ten cuidado en la dosificación de Jung, o pasarás por un simple hablador. 

De hecho, la narrativa era más poderosa cuando no acudía al psicoanálisis para generar mapas prestablecidos del comportamiento humano. Las exploraciones personales de la psicología humana basadas en la experiencia eran más poderosas que el más repetitivo y predecible de los arquetipos. 

Nuestra pesadilla; la sensatez se convirtió en una cualidad exclusiva de los vagabundos. 

Vivimos una época en donde la sensibilidad enfermiza es la única forma que tenemos para demostrar que aún estamos vivos. 

Detrás de la violencia existe un insoportable y muy humano hastío por lo dialéctico.

Tras la muerte hay una ficción de la tranquilidad que ha justificado millones de suicidios. Sin embargo, ¿no huye con desesperación el más diminuto organismo de la muerte? ¿No hay en su terror algo que desde la racionalidad hemos olvidado?


Del arte y sus ficciones proviene la extraña conclusión de que los placeres del mundo deben ser absolutos. 

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Morir en Detroit


A veces también quisiera ir a morir a Detroit.
O algún otro lugar en ruinas y sin esperanza.

En algún hotel de mala muerte,
 Intoxicado de calmantes
Mientras en la noche alguien pronuncia mi nombre
Como si de verdad importara el duelo.

En cierto lugar de la montaña
Descubres que el mundo es una llanura engañosa
No hay arriba ni abajo
No hay indulgencias ni privilegios.
En cierto lugar del pensamiento, llegas al nihilismo.
En cierto lugar de la tristeza llegas a lo absurdo
Te sientes ligero por insignificancia;
Abres los ojos frente a los espejos
Y tan sólo atinas a pensar
“Pronto todo estará consumado”

Debes derrumbarte para volver a comenzar.
Pero sólo tienes una vida;
Las posibilidades, finitas y difíciles;
Sólo empeorarán
Con el inexpresivo paso de los años.

Habrá que huir antes del invierno
A una tierra estéril, sin estaciones.

¿Acaso buscamos la ruina como liberación?
¿No habrá ternura y oscuridad en el fracaso?
El umbral y su penumbra están en mi corazón
No en las paredes manchadas
No en los vagabundos del insomnio.
En la nada absoluta,
Es tan válido continuar como detenerse
Aquellos que viven y aquellos que mueren
Son exactamente lo mismo
Escombros en el palpitar del tiempo
Y el tiempo mismo es un escombro más, de
Algo que aún desconocemos.

Adentro
Una molécula grita
¡Sobrevive!
¡No importa cómo!
¡Mantente a flote!
Dale a la sombra de tus átomos
El chance de vivir hasta el último
De los abismos,
Allá, donde a fuerza
De abandono, está condenado a morir
Incluso el más sagrado de nuestros mitos.


...
Y en ese momento
¿Qué sentirá el último de nosotros?
¿Resignación, alegría, o alguna extraña forma de
 Desconsuelo?


O. Corzo
20/09/17





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Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora. 

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas. 

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida. 

-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura. 

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén. 

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.
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Contra la censura de Coetzee me llevó a un nombre con el que no me encontraba desde hace muchos años. Me refiero a Geoffrey Cronjé, tratado en el capítulo “ el pensamiento del Apartheid”


Cronjé era muy admirado por Miguel Serrano, un hitlerista latinoamericano que leí bastante hace algunos años y del que destacaré aquí un texto llamado “Nacionalsocialismo, única solución para los Pueblos de América del Sur” el libro es un panfleto corto comparado con sus demás textos, sutilmente violento y lleno de falsificaciones históricas, que como mi amigo Santiago alguna vez señaló “ habría que leer como literatura muy imaginativa” Serrano mostraba una desconfianza con todas las ciencias provenientes del mundo judío, excepto con el psicoanálisis. Fue muy influenciado por el espiritismo de Jung ( del que fue intimo amigo) creando una híbrido esotérico bastante consistente dentro de sí mismo, pero débil debido a los supuestos de sus fuentes.


Cronjé y Serrano representan dos formas de racismo que se confrontan de la siguiente manera,


Serrano parte del hitlerismo esotérico, de las escuelas mistéricas y el psicoanálisis; sus principales fuentes son su amistad con Carl Gustav Jung (de quien, como ya mencioné, heredó un montón de supercherías absurdas) y su cercanía con la teosofía de Blavatsky. La palabra correcta para definir a Serrano es la de sincretismo; en su teoría racial caben Jacques de Mahieu, los ovnis, el hinduismo, el indigenismo y Nietzsche...


 El discurso de Serrano convierte a la raza aria en un estado espiritual al alcance de los mestizos, un punto ideal al que puede llegarse a través del trabajo espiritual, y por tanto al alcance de los latinoamericanos (por ello es un ideólogo importante en la mayoría de grupos radicales de extrema derecha en nuestro continente)


Serrano además tuvo cierta paranoica lucidez para muchos aspectos del capitalismo contemporáneo. En su opinión, el capitalismo y el comunismo eran distintos estados de una utopía totalitaria creada por judíos banqueros. Los bancos modernos centralizarían la economía en dinero virtual administrado por una inteligencia artificial, un dios-golem todopoderoso que centralizaría la riqueza de todo el mundo para realizar operaciones ficticias fácilmente manipulables a sus intereses. La función del capitalismo es crear la desesperación financiera que obligue a las clases medias a arrojarse al comunismo  como única forma de llegar al dios-golem judío. Este argumento, de manera codificada lo he escuchado tanto en Le Pen como en algunos representantes del Golden Dawn.


Cronjé hace parte de la iglesia reformada holandesa. Debido a que en Sudáfrica si existe cierto grado de pureza racial, sus textos ya no hacen del ario un estado espiritual, si no una realidad biológica que debe defenderse, pues debe impedirse por completo la mezcla sanguínea con razas inferiores. Cronjé estudio en Alemania durante los años treinta y ello es perceptible dentro de sus escritos. En su libro “ una separación justa” expone además para su racismo un argumento teológico. Si dios creó a los pueblos separados no hay razón para juntarlos. La historia de la torre de babel es la demostración capital de que a dios le desagradan las mezclas raciales.


Ambas formas coinciden en la necesidad de la separación racial como forma de ordenamiento territorial donde los blancos pueden tener una mejor posición sobre las demás razas, pues de ellos depende el control principal de la sociedad. En Cronjé es visible una preocupación por la diferenciación racial pues al mezclarse los blancos pierden de vista los criterios de separación racial. Resumo su pensamiento así “cuando los blancos pobres tienen la misma condición social que los pobres negros, no ven problema en mezclarse, y así la raza lentamente se degenera” este fundamento dio pie al apartheid


Aunque Serrano era blanco y de ojos azules, Cronjé lo acusaría de ser un infiltrado que amenazaría con su simple existencia la pureza de la raza debido a los genes “no blancos” de sus antepasados.


¿No es un poco particular que sea el racismo cristiano el que alegue motivos biológicos para su prejuicio y sea el racismo “laico” de Serrano el que trate de disiparlos?


Esta introducción sólo tiene el motivo de exponer que no existe un solo racismo uniforme, existen múltiples formas de racismo y cada uno de ellos trata de oponerse a un poder y congraciarse con otro. Sin embargo, en el epicentro de todos los racismos casi siempre está Europa y la raza blanca. En el top 20 de los países más racistas del mundo, hay tres excepciones a la tradición occidental. Ruanda (y no sería exacto separarlos, pues su racismo fue un arma colonial) China y Japón ( de los que no digo mucho pues no tengo mucha información)


Si separamos a los hombres no por su raza si no por su capacidad adquisitiva, ¿no crea el capitalismo guetos muy parecidos a los que crearían Serrano y Cronjé?Bueno, en realidad serían equivalentes sólo si pasamos de largo los medios abusivos discriminatorios y violentos que usaron los racistas para defender sus espacios libres de otras razas. El capitalismo en cambio encontró formas mucho más sutiles de lograr espacios exclusivos donde la mezcla no es posible. Los precios de la vivienda en determinados sectores son mucho más eficientes para la segregación que las medidas raciales.


Claro que existen negros ricos, asiáticos ricos e indígenas ricos. Pero dentro de sus espacios de separación se han congraciado con una estética y con una forma de pensar. Los barrios ricos son espacios de poca diversidad.


Esa escasez de diversidad también puede acuñársele a las demás clases sociales. La diversidad no es una idea que por lo general le agrade a la gente a la hora de buscar un hogar, pues siempre buscamos espacios donde convivamos con los que consideramos nuestros iguales. Esta lógica resalta bastante en la clase media, que trata de acercarse a los sectores adinerados lo mejor que puede.


Es casi una generalización; la clase media no obtiene el espacio que quiere ni los vecinos que quiere, ni tampoco el estatus que ambiciona. Es la que suele sentirse más incómoda cuando no está con sus iguales, la más hostil con sus vecinos. En un edificio donde todos sus habitantes sean clásicos modelos de la clase media todos se creerán algo mejores que los demás y serán más hostiles con un elemento distinto a sus criterios (en realidad, esta afirmación también es válida para todos los estratos sociales) Los barrios de inmigrantes suelen ser más diversos y tolerantes, pues sus espacios son pequeñas oportunidades y por ende están abiertos a experiencias mucho más abiertas. Claro que esa apertura también implica sus propias confrontaciones.


El fascismo empieza cuando una parte de la clase media empieza a acercarse a los sectores más pobres de una ciudad y cuando existe un factor de movilidad negativo dentro de la pirámide social. En muchos países la crisis del 2008 movió un poco la pirámide hacia la pobreza. Yo creo que el auge de ese fascismo proviene de ese pequeño movimiento.


¿Entre Cronjé y Serrano quien podría estar más sintonizado con nuestro tiempo? Increíblemente, Cronjé. El racismo cristiano explica buena parte del electorado de Trump. Se compone de blancos de clase media y baja con poca educación que ambicionan un mejor espacio dentro de la economía.


En el 2010 era poco probable que la gente olvidara que los culpables de la crisis eran los banqueros que habían quebrado debido a la especulación financiera. Hoy en día poco se habla de las verdaderos motivos de la crisis y el inmigrante es el chivo expiatorio perfecto de esa amnesia. A la larga el neofascismo también es responsabilidad de esa incapacidad del establecimiento por solucionar realmente las causas de la crisis del 2008.


En el fondo, las políticas económicas de Hillary y Obama, sus omisiones y desaciertos subieron a Trump y empoderaron la desesperación de esa clase media amenazada por la pobreza.


Sin embargo Trump posee unas muy buenas contenciones. La primera de ellas es la institucionalidad norteamericana. La segunda es una clase media mejor educada, hostil a sus argumentos y con una enorme capacidad de presión sobre la economía.



    El fascismo es la reacción de una sociedad a un movimiento económico descendente. Alguien aprovecha el descontento de ese movimiento y busca una retaliación sobre falsos culpables que a su vez sirve para purgar la ira social y evitar el comunismo.


Debido a la guerra contra el terrorismo árabe, Europa es mucho más frágil. El völkisch florece (no sólo entre los germanos, si no también entre los eslavos) creando un rechazo generalizado a los efectos nocivos de la globalización. El neoliberalismo no tiene la capacidad de crear empleos a la misma velocidad que los destruye. La única forma de evitar el florecimiento de nuevas formas de fascismo es recomenzando la economía, mejorar los empleos y los salarios, pero esto no será posible ni a corto ni a mediano plazo. El camino que seguirá la economía será el de la concentración y la hiperespecialización, así que cada vez será mayor el fragmento de la clase media que caerá en el populismo, el odio y la desesperación.


Hay muchísimas diferencias importantes entre Le Pen y Trump, pero la más importante es la educación y la información. Le Pen quiere acabar la unión europea, es una antiliberal bastante convincente, sus argumentos son dignos de considerarse aunque sean falaces y manipuladores. Es una mujer educada que tiene información, Trump en cambio es un hombre asesorado y más bien ignorante, un hombre visceral y furioso que pudo sintonizarse con el descontento norteamericano pero que no tiene ideas sin Stephen Bannon, siendo su avatar, su títere.


Para mi la salida de Bannon como asesor presidencial significa que las contenciones institucionales de los norteamericanos lo derrotaron.


Le Pen es mucho más peligrosa. Es como si Bannon fuera presidente. Si la economía no mejora (dudo que mejore) Será la próxima presidente de Francia.


Indirectamente creo que Cronjé representa el fascismo norteamericano y Serrano, muy a su manera y a pesar de ser latinoamericano, el europeo.


Nuestra economía es liberal, nuestras instituciones son liberales, los medios de comunicación son bastante liberales pero en conjunto el liberalismo está pasando por una crisis de credibilidad debido a las malas decisiones de la crisis del 2008. Armados con el ejemplo de Venezuela, los medios liberales se han encargado de mostrarle a la sociedad global que el socialismo no es una salida válida.


Indirectamente, le dicen a la sociedad que sujetos como Trump y Le Pen son el único cambio posible.


El liberalismo mediático quiere contener a la sociedad, mantener el status quo mientras las trasformaciones económicas más violentas ocurren. Honestamente me parece una creencia ingenua, pero esto se debe a su intimo funcionamiento. Existe un desarrollo empresarial desaforado que nunca se detiene a considerar el impacto de sus decisiones en la sociedad. Existe por otro lado un aparato político y mediático que exige que la sociedad se someta al auge sin cuestionarlo. Hasta ahora la sociedad acepta el libre desarrollo de la economía, pero sospecho que las cosas cambiarán cuando entre en juego el efecto de la inteligencia artificial sobre la economía.


Si todo sigue como va, en ese instante el fascismo será incontenible.
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Las mujeres de puerto Asunción.
Se decepcionarán de mí
Si no continúo cantando.
Viejas filosofas de la paciencia.
Viejas alquimistas de las sonrisas.
Madres y abuelas del sol
No querrán ver cobardía en mis párpados
Aunque apenas y les sea un extraño.
Opacarán sus tenues máscaras
Maternas, y elegirán la dura
Expresión del reproche
Para escarmentarme.
Florecerá su ingenuidad
Y a veces, florecerá su
Orgullo.
Porque  en su soledad,
No tienen más que esa tibia sangre
Que emana de sus recuerdos
 Para sentirse
Amadas.
Por qué solo se tienen a sí mismas
Para menguar la profundidad del silencio
Que a veces interrumpe su canto.
Y espantar  con sus plegarias los absolutos en sus palabras.
Siglos llevan intentando secar el largo
Collar de lágrimas bajo los ojos.
Sé que a veces lloran
Recordando a sus hijos subterráneos.
Y a veces sueñan repitiendo los sagrados misterios
Frente al altar de sus santos
Eternamente inexpresivos.
Guardo silencio cuando ellas cantan
Mientras murmuran sus antiguos
Poemas como juramentos secretos.
Fórmulas que hacen sagrados sus rituales.
Y que trasfiguran la pimienta y la sal
En suspiros de añoranza.
Amanecerá en sus cabellos opacos y
Alimentarán de nuevo al espejismo
 Del hombre hambriento.
El aire destilará la sustancia de sus
Manos, y sus labios besarán
Con potestad la cuchara de la sopa.
Su canción será siempre dulce
Y triste, y cantarán con libertad mientras
La mañana adormece sus gargantas
Y los recuerdos se cristalizan
En su memoria prodigiosa.
Pues su sonrisa gélida las hace
Dueñas de todo lo posible.
El agua ya está caliente.
Despojos de tomates y cebollas
Perfumarán sus dedos.
Me dirán “aunque no lo quieras
Seguirás cantando”  ellas, que con
La voz esperaron toda la vida
A esos hijos perdidos en
La oscuridad de sus tragedias
Al parecer presienten cuando
Una espera es falsa o verídica.
O al parecer, su compasión es tan
Grande que no sólo alimentan el cuerpo
De los extraños, sino también sus
 más fallidas esperanzas.



12 de octubre - 2011
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